Cuando se trató del Tren Maya, varias celebridades hicieron del cuidado ambiental una bandera pública. Hoy, ante las decisiones de Donald Trump sobre la protección del lobo mexicano, la pregunta es inevitable: ¿dónde están?
Cuando se discutía el impacto ambiental del Tren Maya, figuras como Eugenio Derbez, Rubén Albarrán, Regina Blandón y otros artistas levantaron la voz públicamente.
Grabaron videos, participaron en campañas y pidieron proteger la selva, los ecosistemas y las especies que habitan en ellos.
Su mensaje fue claro: el medio ambiente debía ser defendido y las autoridades debían escuchar a especialistas y organizaciones ambientalistas.
Hoy existe una situación que vuelve a poner esos principios a prueba.
El gobierno de Donald Trump ha colocado nuevamente bajo discusión la protección del lobo mexicano (Canis lupus baileyi), una especie en peligro de extinción y cuya recuperación ha requerido décadas de esfuerzos binacionales.
En Estados Unidos se ha planteado revisar la protección federal de los lobos bajo la Ley de Especies en Peligro, además de impulsar cambios relacionados con la eliminación de ejemplares en determinadas situaciones de conflicto con el ganado.
Y aquí es donde surge una pregunta que resulta difícil ignorar:
¿Dónde están ahora los ambientalistas de las redes sociales?
¿Dónde están los videos?
¿Dónde están las campañas?
¿Dónde están los llamados a proteger a las especies?
¿Dónde está aquella indignación que hace unos años llenó las redes cuando el tema era una obra en territorio mexicano?
No se trata de defender a un gobierno ni de atacar a otro.
Se trata de algo mucho más sencillo: congruencia.
Si la preocupación era realmente la protección de la naturaleza, los ecosistemas y las especies en peligro, entonces debería existir la misma disposición para levantar la voz sin importar quién gobierne, qué partido esté en el poder o de qué lado de la frontera ocurra el problema.
Porque el medio ambiente no entiende de ideologías.
Un árbol no tiene partido.
Un ecosistema no vota.
Y el lobo mexicano tampoco distingue entre México y Estados Unidos cuando se trata de sobrevivir.
La defensa de la naturaleza debería ser precisamente eso: defensa de la naturaleza.
Por eso resulta válido preguntar si la indignación ambiental tiene la misma fuerza cuando el destinatario de la crítica es una figura con el peso político de Donald Trump.
¿Es más sencillo cuestionar a las autoridades mexicanas que enfrentarse públicamente al presidente de Estados Unidos?
¿Será que ahora sí hay que pensarlo dos veces antes de grabar el video?
Porque uno nunca sabe… no vaya a ser que aparezca ICE preguntando quién fue el valiente que decidió levantar la voz. 😏
O quizá el silencio tenga otra explicación.
¿Será que alguien recibió una llamada, una recomendación… o hasta un “arreglito” para bajar el volumen?
Claro, esto último es solamente una pregunta sarcástica. No vaya usted a pensar que estamos acusando a nadie de haber sido callado con dinero. Faltaba más. 😂
Aunque, puestos a preguntar, ¿será que la defensa del medio ambiente tiene precio cuando del otro lado de la frontera está Trump?
¿O será simplemente que algunos descubrieron que hay causas muy bonitas para defender… si no ponen en riesgo la visa, los viajes a Estados Unidos o las vacaciones en Miami?
No estamos diciendo que aquellas celebridades estén obligadas a pronunciarse sobre cada problema ambiental del planeta.
Pero cuando alguien convierte una causa en una bandera pública y construye una parte importante de su imagen alrededor de la defensa del medio ambiente, es legítimo preguntarle dónde está cuando aparece una nueva amenaza contra una especie emblemática.
Porque la congruencia también se demuestra cuando el tema deja de ser cómodo.
Y si aquella preocupación por la fauna y los ecosistemas era genuina, el lobo mexicano ofrece hoy una oportunidad perfecta para demostrarlo.
No se trata de México contra Estados Unidos.
No se trata de izquierda contra derecha.
No se trata de simpatías políticas.
Se trata de una especie que lleva décadas luchando por sobrevivir.
🇲🇽🇺🇸 Entonces la pregunta permanece: ¿y ahora dónde están los “ambientalistas”?
Porque defender al medio ambiente cuando resulta cómodo es activismo.
Defenderlo cuando resulta incómodo es congruencia.
Y esta vez, el lobo mexicano está esperando que alguien levante la voz.
Aunque, claro… primero habrá que ver si la conciencia ambiental alcanza para hablar, si la visa alcanza para viajar y si el valor alcanza para decirlo en voz alta. 😉