Morena, obligada a corregir errores
Sin duda, Morena representa la esperanza del cambio y de un nuevo paradigma de gobierno: cercano a la gente, con rendición de cuentas y transparencia en las políticas públicas. Un proyecto que busca marcar una distancia clara y radical frente a los gobiernos de derecha, históricamente asociados al derroche, la corrupción y la falta de obra pública de impacto social.
En municipios como La Paz, estas prácticas no solo se tradujeron en abandono institucional, sino en un verdadero tráfico de poder, donde lo público fue tratado como botín y ciertos actores se convirtieron en mecenas de la vida pública, administrando influencias y privilegios. Espacios que deberían estar al servicio de la ciudadanía fueron secuestrados, concesionados o utilizados con fines particulares, como ocurrió con el deportivo Soraya, reflejando una lógica de gobierno donde los intereses privados se imponían sobre el bienestar colectivo.
Sin embargo, Morena está obligada a hacer un balance crítico de su actuar ético y político. Resulta preocupante que algunos actores, ampliamente conocidos, que hoy se llenan la boca hablando de rectitud y de no deberle nada a nadie, en su momento formaron parte de gobiernos priistas, cobraban en ellos y actuaban como verdaderos esquiroles frente al movimiento, apostando a que nadie lo notaría. El descaro alcanzó su punto más alto cuando estos mismos perfiles reclamaron posiciones como la primera regiduría o una diputación local.
Existen testimonios y evidencias de cómo cobraban en quincena dentro del municipio de La Paz, lo que obliga a Morena a no repetir las prácticas que tanto ha criticado. Ante ello, es pertinente que la dirigencia nacional y los órganos jurisdiccionales, como la Comisión de Honestidad y Justicia, observen y sancionen las conductas de quienes han actuado como verdaderos tránsfugas políticos: personajes que mantenían un pie en Morena y otro en el PRI, y que, en muchos casos, terminaron por anclarse en el tricolor, revelando su verdadera identidad política.
Asimismo, es necesario señalar a quienes se autodenominaban fundadores del movimiento y, en el proceso electoral pasado, terminaron apoyando abiertamente al PRI. Al no ver satisfechas sus expectativas personales, fueron objeto de cooptación y prácticas de “maiceo” por parte del gobierno en turno, con el objetivo de asegurar el triunfo electoral.
No obstante, la fuerza del movimiento a nivel nacional, así como el trabajo de la estructura y la coordinación municipal de Morena, lograron revertir ese escenario. Para sorpresa del priismo gobernante, la ciudadanía decidió y se obtuvo una victoria con una diferencia aproximada de 10 mil votos.
Morena es, sin duda, un proyecto joven, vigoroso, incluyente, plural y abierto, que se ha consolidado como un referente nacional. Hoy cuenta con el mayor número de gubernaturas y, a diferencia de otros partidos, sus procesos de afiliación son voluntarios y atractivos. En contraste, la derecha, representada por el PRI y el PAN, atraviesa una etapa de desgaste, desaliento y crisis interna.
Por ello, resulta estratégico actuar con mesura y fortalecer los mecanismos internos de evaluación. Es necesario un verdadero cernimiento ético sobre quiénes pueden y deben formar parte del movimiento, tarea que corresponde a los órganos jurisdiccionales del partido, y no a decisiones coyunturales de grupos o liderazgos locales.
De igual forma, es oportuno hacer una pausa y valorar el peso de las alianzas a nivel nacional, estatal y municipal. El papel del Partido del Trabajo en momentos clave, como la reforma electoral, dejó ver posturas que pueden interpretarse como contrarias al proyecto de transformación. En política, no basta con enarbolar un discurso de izquierda; la congruencia en el actuar es fundamental.
Respecto al Partido Verde Ecologista de México, es indispensable poner mayor atención en la selección de sus candidatos y en el actuar de sus dirigencias, con el fin de evitar que perfiles cuestionables o vinculados a prácticas de violencia afecten la legitimidad del proyecto. Si bien la vida interna de los partidos es autónoma, Morena, como la principal fuerza política del país, tiene la responsabilidad de ser más exigente, vigilante y autocrítica.
Finalmente, si Morena aspira a consolidarse como un verdadero proyecto de izquierda y progresista, la crítica y la autocrítica deben asumirse como herramientas fundamentales para avanzar. Reconocer errores y aciertos fortalece al movimiento, porque, como bien dice el refrán: “no se equivoca el que no trabaja”.
En el ámbito municipal, es claro que aún hay retos importantes por atender. Temas como el acceso al agua potable y la seguridad pública continúan siendo prioridades urgentes en la agenda de gobierno.