La Muerte llegó a Chicoloapan
con su guadaña reluciente,
buscando al alcalde Javier Mendoza,
¡el más solicitado entre la gente!
—¡Hoy me llevo al presidente!
—sentenció con emoción—.
¡Ya tengo lista la carreta,
el panteón y hasta el cajón!
Preguntó en la Presidencia
y le respondieron al instante:
—Si busca al alcalde, doña Flaca,
¡tendrá que caminar bastante!
Que si anda por las escuelas,
que si hay vecinos por escuchar,
que si hay una jornada de limpieza
o una reunión por encabezar.
La Calaca frunció el ceño,
revisó su agenda y su reloj:
—¡Yo que creía tener tiempo,
y este hombre ya se me adelantó!
Lo buscó durante un Lunes Cívico,
entre alumnos y el lábaro patrio;
después lo encontró en una escuela,
¡pero ya iba rumbo a otro escenario!
En las Jornadas de Paz lo buscaba,
con autoridades y comunidad;
en Mochilas Seguras encontró
a familias sumando por la seguridad.
—¡Aquí hay mucho por hacer!
—dijo la Flaca sorprendida—.
¡Entre prevención y trabajo conjunto,
no me dejan ni tomar la salida!
Y cuando creyó que lo alcanzaba
en un operativo al caminar,
¡Muévete Segura estaba en marcha
con un mensaje que debía llegar!
Con folletos y calcomanías,
el respeto se hizo escuchar:
que el acoso no es un simple roce
y que a las mujeres hay que cuidar.
La Huesuda quiso seguirlo,
pero algo la hizo reflexionar:
no bastaba llegar con la guadaña,
¡también había que aprender a respetar!
Luego fue al Cabildo Abierto,
creyendo que ahí lo iba a encontrar;
pero los vecinos tenían peticiones
y Javier se sentó a escuchar.
Que una calle, que una gestión,
que una necesidad pendiente;
la Muerte miró su reloj:
—¡Este alcalde sí atiende a la gente!
También hubo escobas y faenas,
colonias listas para participar;
la Calaca quiso hacerse la ocupada,
¡pero le dieron una escoba para ayudar!
—¡Yo vine por el presidente,
no a barrer toda la avenida!
¡Pero si así se trabaja en equipo,
hasta me quedo otro rato en la cuadrilla!
Y cuando pensó que al fin lo encontraba
descansando en su despacho,
¡había reuniones con la gobernadora
y mesas de trabajo en otro espacio!
Con distintas instituciones,
la agenda volvió a continuar;
la Flaca perdió la paciencia:
—¡¿A qué hora lo voy a alcanzar?!
Entonces escuchó una frase
que retumbó por la ciudad,
una idea que explicaba
por qué no lo hallaba en su localidad:
«¡SOMOS GOBIERNO DE TERRITORIO,
Y NO DE ESCRITORIO!»
La Calaca quedó en silencio,
se le aflojó hasta el cinturón;
—¡Con razón no lo encuentro sentado,
si anda recorriendo cada rincón!
Pero había algo todavía
que le causaba más temor:
Javier llegaba puntual a sus eventos,
¡y ella apenas iba saliendo del panteón!
La Muerte ajustó su reloj,
se peinó y salió corriendo;
cuando llegó a la explanada,
¡el alcalde ya estaba atendiendo!
—¡Francisco Javier Mendoza,
esto ya no tiene explicación!
¡Yo soy la dueña de los tiempos
y me traes en persecución!
El alcalde siguió su jornada,
con más asuntos por atender;
la Flaca, rendida, se sentó
y comenzó a reconocer:
—No se gobierna desde lejos,
ni escuchando solo al pasar;
hay que caminar con la gente
y tener voluntad de regresar.
No basta una foto en la plaza,
ni una promesa al micrófono;
hay que dar seguimiento a las voces
y volver a pisar el mismo territorio.
La Huesuda guardó su guadaña,
ya sin ganas de discutir:
—¡Hoy no me llevo a Javier Mendoza,
porque todavía hay mucho por construir!
Y se marchó por Chicoloapan,
sin trofeo y sin captura;
¡el alcalde seguía en territorio
y ella perdió hasta la compostura!
💀⏰ ¡EN CHICOLOAPAN, HASTA LA CALACA TUVO QUE APRENDER A LLEGAR PUNTUAL!