Chimalhuacán, Edomex.- Entre calles, viviendas y el crecimiento urbano que ha transformado el municipio, todavía hay espacios donde la tierra se trabaja, las semillas germinan y el conocimiento del campo busca llegar a nuevas generaciones.
En San Juan Zapotla, una escuela de campo reúne a personas interesadas en aprender y compartir alternativas para producir alimentos mediante prácticas agrícolas más naturales, con el propósito de recuperar el interés por la siembra y demostrar que cultivar no es una actividad exclusiva de las grandes parcelas.
César Sánchez, Gustavo Ordaz, Rafael y Manuel Izquierdo compartieron la experiencia de este proyecto, en el que, con acompañamiento técnico de especialistas vinculados a Chapingo y la Secretaría de Agricultura, han aprendido sobre el cuidado del suelo, la reproducción de microorganismos, la elaboración de bioinsumos y el manejo de plagas mediante distintas alternativas.
En este espacio, los conocimientos no se quedan en la teoría. Los participantes experimentan con sus cultivos, preparan insumos y aplican lo aprendido para mejorar sus prácticas agrícolas y reducir progresivamente su dependencia de productos químicos.
Más allá de los cultivos, destaca la visión de quienes impulsan esta iniciativa: personas que han decidido mirar al campo desde otra perspectiva, aprender nuevas formas de trabajar la tierra y buscar alternativas que contribuyan a mejorar la producción y la calidad de los alimentos.
Su interés por experimentar con bioinsumos, cuidar el suelo y compartir sus conocimientos refleja una mentalidad que apuesta por el aprovechamiento responsable de los recursos naturales y una relación más consciente con lo que llega a la mesa de las familias.
En tiempos en los que pocas veces se piensa en todo lo que hay detrás de los alimentos que consumimos, esta iniciativa pone sobre la mesa una reflexión importante: producir no debería significar únicamente cosechar, sino también aprender a cuidar la tierra y buscar mejores formas de alimentar a la población.
Sin embargo, la apuesta va más allá de la cosecha. Uno de los principales objetivos es acercar a niñas, niños y jóvenes al campo mediante visitas escolares en las que puedan conocer el proceso de siembra, aprender a cuidar las plantas y descubrir que también es posible producir alimentos en pequeños huertos domésticos o azoteas.
La iniciativa busca que estos conocimientos puedan compartirse con más familias y que la elaboración de bioinsumos represente, además, una posible alternativa de emprendimiento para quienes deseen aprender a producirlos.
Los integrantes también destacaron la importancia de aprovechar mejor los recursos naturales mediante sistemas de riego por goteo y proyectos para captar agua de lluvia, acciones que consideran necesarias para cuidar el agua y mantener viva la actividad agrícola.
Aunque la urbanización ha reducido los espacios destinados al campo, los participantes estiman que todavía existen entre 15 y 20 productores en la zona del cerro del Chimalhuachi, donde la siembra continúa formando parte de la vida de la comunidad.
La escuela busca abrir sus puertas a personas de todas las edades interesadas en aprender, compartir conocimientos y conocer otras formas de producir alimentos.
Enseñar a sembrar también significa transmitir conocimientos, reconocer el esfuerzo de quienes producen nuestros alimentos y abrir nuevas posibilidades para las generaciones que vienen. Porque el campo no solamente da cosechas: también conserva saberes que merecen seguir vivos.

























