Cuando la FIFA anunció que Estados Unidos sería una de las principales sedes del Mundial, prometieron una gran fiesta deportiva para unir a los pueblos del mundo.
Pero antes de que comenzaran los partidos, parecía que el verdadero campeonato se estaba jugando en los aeropuertos, las aduanas y las oficinas de migración. Para varios participantes, entrar al país fue más complicado que clasificar al Mundial.
En Chicago, el delantero iraquí Aymen Hussein pasó horas retenido en el aeropuerto como si fuera el protagonista de una película de espionaje y no una estrella del fútbol. El fotógrafo Talal Salah tampoco la pasó mejor y terminó enfrentando un auténtico viacrucis burocrático.
Mientras tanto, la selección de Irán tuvo que instalarse en Tijuana, México, debido a las complicaciones para establecer su concentración en territorio estadounidense. Una situación tan absurda que los jugadores prácticamente tenían que pensar primero en cruzar la frontera y después en jugar al fútbol.
Y para completar la colección de polémicas, en Miami el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan también tuvo problemas migratorios pese a contar con acreditaciones internacionales y el respaldo de la FIFA.
Lo más curioso fue observar cómo las autoridades parecían concentradas en revisar hasta el último documento de jugadores, árbitros y delegados, mientras la organización acumulaba críticas por todos lados.
Estados Unidos prometió un Mundial histórico y, para ser justos, sí lo consiguió.
Histórico por las filas.
Histórico por los interrogatorios.
Histórico por los retrasos.
Histórico porque algunos participantes tuvieron que preocuparse más por los sellos en el pasaporte que por los goles en la cancha.
Al final el balón comenzó a rodar y el espectáculo siguió adelante. Pero quedó claro que para varias delegaciones el rival más difícil no fue Argentina, Brasil o Francia.
Fue migración.
Y aunque la FIFA soñaba con un Mundial sin fronteras, hubo momentos en que parecía que el verdadero campeón sería quien lograra pasar la aduana sin ser enviado a revisión secundaria.

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