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jueves, 7 de mayo de 2026

• EL RUIDO DE LA DESESPERACIÓN YA NO ENGAÑA AL PUEBLO EN LA PAZ

 


“Lo que se ve no se juzga”, y en el municipio de La Paz, Estado de México, la ciudadanía comienza a darse cuenta de quién realmente busca construir y quién solamente vive del conflicto político. Mientras unos trabajan y recorren las calles escuchando a la gente, otros parecen dedicados exclusivamente a sembrar odio, desinformación y ataques en redes sociales.

En La Paz ya es evidente el nerviosismo de ciertos grupos políticos que durante años se sintieron dueños del poder. Hoy, sin el mismo control, sin el mismo respaldo y sin la misma capacidad de manipular a la ciudadanía, han optado por convertir la desesperación en estrategia.

Y las preguntas cada vez son más fuertes: ¿por qué les molesta tanto que el municipio de La Paz esté cambiando? ¿De verdad les preocupa el bienestar de las familias paceñas o únicamente recuperar los privilegios que perdieron? ¿Dónde estaban esas voces “críticas” cuando las calles estaban olvidadas, cuando la inseguridad golpeaba y cuando la ciudadanía era ignorada?

Porque en La Paz, Estado de México, la gente ya no se deja engañar tan fácilmente. Hoy los ciudadanos observan, comparan y cuestionan. Y eso parece incomodar a quienes antes estaban acostumbrados a controlar la narrativa mediante miedo, presión y manipulación política.

La oposición rancia en La Paz atraviesa una crisis evidente: ya no convence, ya no conecta y ya no representa el sentir de la mayoría. Por eso recurren al ataque constante, a la guerra sucia y a campañas cargadas de resentimiento. Porque cuando se terminan las propuestas, comienzan las mentiras.

¿Y qué buscan ahora? ¿Confundir a la ciudadanía? ¿Generar caos? ¿Recuperar a base de odio el poder que el pueblo les quitó?

En el municipio de La Paz, cada ataque desesperado parece confirmar una sola cosa: les duele haber perdido el control político y les aterra aceptar que la ciudadanía despertó.

Porque el verdadero problema para ellos no es el cambio… el verdadero problema es que en La Paz el pueblo ya aprendió a pensar por sí mismo, y eso es algo que jamás podrán volver a controlar.

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