Zona Oriente, Estado de México. Dicen que cuando alguien acepta un cargo estatal, también acepta una responsabilidad muy sencilla de entender: el Estado no termina donde comienza la nostalgia.
Sin embargo, hay funcionarios que parecen demostrar exactamente lo contrario.
Da la impresión de que existe un límite invisible que no aparece en ningún mapa, pero que sí condiciona la agenda.
Un límite que, casualmente, coincide con el lugar donde nació su carrera política.
Y entonces surge una teoría que cada día cobra más fuerza entre la ciudadanía:
Tal vez no es la distancia... es el cordón umbilical.
Porque parece que estira... pero no alcanza para llegar a la Zona Oriente.
Siempre hay un representante.
Siempre hay un enviado.
Siempre hay alguien que explique por qué el secretario no pudo asistir.
Lo único que nunca llega es el propio secretario.
Y cuando una ausencia deja de ser excepción para convertirse en costumbre, la pregunta cambia.
¿De verdad la Zona Oriente forma parte de su agenda... o únicamente de sus discursos?
Mientras tanto, los presidentes municipales de Chicoloapan, Francisco Javier Mendoza Vázquez, y de Chimalhuacán, Xóchitl Flores Jiménez, han estado presentes una y otra vez en las mesas de trabajo, los recorridos y los encuentros con la ciudadanía. Con o sin secretario. Sin importar si llueve, si es temprano, si es de noche, entre semana o en fin de semana. Porque para quienes gobiernan de cerca, no existe agenda más importante que la de su propia comunidad.
Porque un secretario estatal no debería administrar municipios favoritos.
Debería administrar soluciones.
No debería enviar saludos.
Debería enviar resultados.
No debería esconderse detrás de una representación institucional cuando miles de ciudadanos esperan que quien toma las decisiones tenga la disposición de mirar a los ojos a quienes viven el problema todos los días.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la gobernadora mexiquense Delfina Gómez Álvarez han insistido en que la Zona Oriente merece atención prioritaria.
Lo extraño es que algunos funcionarios parecen haber entendido otra instrucción.
Priorizar la comodidad.
Porque, al final, la percepción ciudadana suele ser más dura que cualquier columna de opinión.
Y esa percepción comienza a instalar una idea incómoda:
Que el cordón umbilical pesa más que el nombramiento de secretario.
Ojalá sea solo una percepción.
Porque, de no ser así, la movilidad tendría un problema mucho más grave que el tráfico.
Tendría un secretario al que le cuesta demasiado trabajo mirar más allá de su propio origen.
Y la Zona Oriente seguirá haciendo lo que siempre ha hecho: esperar menos discursos, menos representantes y más servidores públicos que entiendan que un cargo estatal no se ejerce desde la comodidad, sino desde el territorio.

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