La Calaca lleg贸 a Neza
preguntando por Felipe,
pues quer铆a llevarse al maestro
antes de que el d铆a termine.
“¡Vengo por ti, don Felipe,
ya cumpliste tu misi贸n!
Tantos a帽os con el pueblo,
¡ya descansa el coraz贸n!”
Felipe tom贸 su sombrero
y le respondi贸 sonriente:
“Todav铆a hay muchas causas
y me espera mucha gente.
Hay escuelas por defender,
hay derechos que cuidar,
y mientras haya necesidades,
¡habr谩 motivos para luchar!”
La Huesuda, sorprendida,
su libreta revis贸,
y al mirar tantos caminos
hasta el alma le tembl贸.
Vio colonias organizadas,
vio estudiantes con futuro,
vio al maestro dando batalla
cuando el camino era duro.
“¡Caray, Felipe Aguirre,
qu茅 dif铆cil es tu caso!
Te persigue tu historia
y no te alcanza ni mi paso.
Por donde quiera que voy,
escucho hablar de tu bondad,
de tu trabajo con la gente
y de tu larga voluntad”.
Felipe le dijo entonces:
“No hay medalla m谩s valiosa
que mirar a nuestra gente
con una vida m谩s digna y hermosa.
Porque la lucha no es de uno,
ni se gana en soledad;
es el pueblo organizado
quien construye dignidad”.
La Calaca, conmovida,
su guada帽a hizo a un lado:
“¡Con raz贸n te llaman maestro,
si hasta la muerte has educado!
Mejor vuelvo en otro tiempo,
hoy no te puedo llevar;
con la UPREZ y con tu pueblo
¡todav铆a tienes que andar!”
Y se march贸 por las calles,
sin poder cumplir su suerte,
pues hay historias de lucha
que ni se lleva la muerte.
Y Felipe sigue andando,
con el pueblo como gu铆a,
porque quien lucha por su gente
deja huella cada d铆a.

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