La Calaca lleg贸 a La Paz
con su lista de pendientes,
preguntando por Tranquilino,
¡el que siempre anda entre la gente!
“¡Ya te tengo, Buenabad,
hoy te vienes al pante贸n!
Deja el barrio y las asambleas,
¡se acab贸 tu comisi贸n!”
Tranquilino solt贸 una risa
y le contest贸 tranquilo:
“¡A la orden, do帽a Flaca,
pero primero atiendo al pueblo!
Hay colonias que nos llaman,
hay problemas que escuchar,
hay derechos y esperanzas
por los que toca trabajar”.
La Calaca abri贸 los ojos,
se le enchuec贸 la sonrisa:
“¡Yo ven铆a por un difunto
y me encontr茅 con una oficina!”
“¡No es oficina, es territorio!”,
le respondi贸 sin titubear,
“porque el pueblo no necesita
que lo vengan a visitar,
necesita que lo escuchen,
que lo ayuden a organizar”.
La Huesuda, ya impaciente,
le grit贸 desde el port贸n:
“¡Tantos a帽os en la lucha
y todav铆a sin jubilaci贸n!
Que si el di谩logo, que si acuerdos,
que si educaci贸n y cultura…
¡Dime, Tranquilino Lagos,
¿de d贸nde sacas tanta cordura?!”
“De caminar con nuestra gente,
de aprender de cada historia,
de saber que las conquistas
se construyen con memoria.
Ni los cargos son eternos,
ni se lucha por honores;
se trabaja por el pueblo,
por sus sue帽os y valores”.
La Flaca cambi贸 de t谩ctica
y le ofreci贸 un gran sill贸n:
“¡Ven conmigo, te prometo
ser ministro del pante贸n!
Tendr谩s huesos de asesores,
calaveras por mont贸n,
y hasta una banda de m煤sica
para amenizar tu gesti贸n”.
Pero Tranquilino le dijo:
“¡No me tientes, calaquita!
Mejor lleva instrumentos
a la escuela de mi tierrita.
Que los j贸venes tengan arte,
que la m煤sica d茅 alegr铆a,
y que nunca se nos mueran
las ra铆ces de la tierra m铆a”.
La Muerte solt贸 un suspiro,
ya no sab铆a qu茅 hacer:
“¡Este hombre hasta en el pante贸n
me quiere poner a aprender!”
Guard贸 su lista y guada帽a,
se march贸 muy resentida:
“¡A Tranquilino no me lo llevo,
todav铆a le queda lucha en esta vida!
¡Que siga con sus reuniones,
con su pueblo y su vocaci贸n!
¡Yo regreso cuando termine
su pr贸xima organizaci贸n!”
Y cuentan por Los Reyes La Paz
que la Flaca a煤n se aparece,
pero cuando escucha “¡A la orden!”,
¡hasta el m谩s all谩 desaparece!
Porque hay hombres cuya historia
no se escribe en un sill贸n:
se escribe andando en las calles,
junto al pueblo y su raz贸n.
Y aunque la Muerte haga cuentas
y lo anote en su libreta,
¡mientras haya causas pendientes,
Tranquilino no se jubila de la lucha completa!

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